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domingo, 4 de marzo de 2012

Dos amigos de la infancia









Dos amigos de la infancia, se encuentran y deciden tomarse unos tragos,

luego uno le pregunta al otro:
- Oye ¿tu te acostaste con tu mujer antes de casarte?
- Yo no, ¿y tú?
- Hombre, yo no sabia que te ibas a casar con ella.

viernes, 2 de marzo de 2012

Plegaria de un macho









¡¡¡¡¡¡ Oh Dios !!!!!! …

Que mi mujer nunca me ponga cuernos,
y si me los pone, que nadie la vea,
y si la ven, que nadie me cuente,
y si me cuentan, que yo no les crea,
y si les creo, que yo no me enoje,
y si me enojo, que no la mate,
y si la mato, que no me encierren,
y si me encierran, que no me violen,
y si me violan que no me duela,
y si me duele, que no me guste,
y si me gusta, que no me saquen de la cárcel !!!!!

viernes, 17 de febrero de 2012

El lado sensible




Una mujer conoce a un tipo en un bar…, conversan, se entienden y terminan marchándose juntos. Se van al departamento de él y, mientras le enseña el lugar, ella nota que su dormitorio está lleno de ositos de peluche. Todos bien acomodaditos:
Los más grandes en la repisa de arriba, los medianos al centro y los pequeñitos abajo. La mujer está sorprendida que un hombre tenga esa colección de peluches, pero decide no comentarle nada y se alegra de que él no tenga miedo de expresar su lado sensible (ese que tanto les gusta a las mujeres).
Ella lo mira a los ojos, se besan y en 3 minutos ya están a pleno en la cama. Después de esa intensa noche de pasión, ella feliz con su hombre sensible, acurrucada en él, le pregunta:
- ¿Y bien ? ¿qué tal estuvo?
El hombre se da vuelta y con el cigarro en la boca le dice:
- ¡Nada mal! Puedes retirar tu premio de la repisa del medio.

Las tres mujeres




Un hombre tenía 3 novias. Para decidirse en el dilema de con cuál casarse, les entregó 1.000 euros a cada una, para ver qué hacían con el dinero.
La primera cogió todo el dinero y se fue a la peluquería, se hizo la manicura, la pedicura, se cortó y tiñó el pelo, se fue de compras y adquirió lujosas ropas y joyas.
 - “Lo he hecho por ti,” - le dijo cuando lo vio.  – “Deseo estar muy guapa para ti porque te amo”.
La segunda tomó el dinero y compró un equipo estéreo, un Rolex de oro de caballero, un reproductor de CD’s portátil y unas corbatas carísimas. Cuando lo vio, le entregó todo y le dijo:
- “Te he comprado todo esto porque te quiero muchísimo.”
La tercera invirtió todo el dinero en bolsa. Ganó el doble de dinero, cogió la mitad y reinvirtió el resto, devolviéndole los mil euros que le había dado.
- “He invertido el dinero para ti, y lo he doblado. Te devuelvo lo que me has dado, y reinvierto lo demás para nuestro futuro porque te quiero muchísimo.”
El hombre analizó cuidadosamente todos y cada uno de los comportamientos, sopesando los pros y los contras de cada una, tras mucho pensar, decidió casarse con…

¡¡¡ LA QUE TENÍA LAS TETAS MÁS GRANDES !!!


La madurez




Cuando cumplí 14 años esperaba algún día tener una novia.
A los 16 tuve una novia, pero no había pasión. Entonces decidí que necesitaba una mujer apasionada, con ganas de vivir. En la facultad salí con una  mujer apasionada, pero era demasiado emocional. Todo era terrible, era la reina de los dramas, lloraba todo el tiempo y amenazaba con suicidarse.
Entonces decidí que necesitaba una mujer estable. Cuando tuve 25 años encontré una mujer muy estable, pero aburrida.   Era totalmente predecible y nunca la excitaba nada. La vida se hizo tan plomiza que decidí que necesitaba una mujer más emocionante.
A los 28 encontré una mujer excitante, pero no pude seguir su ritmo. Iba de un lado a otro sin  detenerse en nada. Hacía cosas impetuosas   y coqueteaba con cualquiera que se le cruzara. Me hizo tan miserable como feliz. De entrada fue divertido y energizante, pero sin futuro.
Entonces decidí buscar una mujer con alguna ambición. Cuando llegué a los 31, encontré una chica inteligente, ambiciosa y con los pies sobre la tierra. Decidí casarme. Era tan ambiciosa que me pidió el divorcio y se quedó con todo lo que yo tenía.
Ahora, a los 40, sólo me gustan las mujeres con tetas grandes… y punto.
¡Coooooño, por fin maduré!